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Biblioteca Publica Popular de  Patagones
Roberto Victor Ferrari
Carmen de Patagones - Argentina
criminólogo Social, documentalista y bibliotecario, creador y responsable de la biblioteca Popular Municipal de Patagones, también conocida como la biblioteca de las mascaras, pensada y soñada junto a mi compañera Marcela Rúgolo, creció como un espacio de encuentro, con mística un lugar para todos... empezamos con 47 libros y un cajón de manzanas, los que quedaron de una vieja biblioteca saqueada,solo pedí una casa prestada y me la terminaron donando en cuanto les conte del proyecto, asi... esta, una biblioteca del pueblo que genero otras bibliotecas y otros soñadores, un lugar, donde nuevos saqueadores no pudieron con la memoria....

Blvar. Arró y Alte. Brown
Carmen de Patagones 8504 (54) 02920 463333
Región Patagónica
Argentina
bibliotecapatagones@gmail.com
movil 02920 15601886
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Últimos comentarios de este Blog

23/06/15 | 18:46: pedro pellicer dice:
Soy un porteño que se maragatizò desde hace mas de 50 años. Excelente la publicacion sobre los negros y excente tambièn la creacion de la biblioteca. Espero visitarlos en mi proximo viaje. FELICITACONES- un abrazo.
28/11/14 | 17:13: Andión Cucci dice:
Señor Alcalde de la ciudad de Carmen de Patagones, señores funcionarios en general, hace días que estoy buscando el modo de hacerles llegar un mensaje que no es otra otra cosa que un halago. Un oriundo de allí,del Carmen, es el escritor que estoy leyendo cada día, es atrapante. No sé si lo han leído porque no observo que en este sitio web que la actividad literaria tenga cabida o harán los tratamientos culturales en otro sitio que no conozco. El escritor al que me refiero tiene un gran prestigio en casi todo el mundo y para Patagones, debe ser un orgullo que sea nativo de ese pueblo, porque es el mejor escritor en lengua española, de la actualidad, Ténganlo en cuenta: su pseudónimo es Escritor Ingel Lazaret. Saludos de Andión Cucci. Cádiz. España.
21/09/14 | 18:53: Claudia Prieto (blog alas poéticas) dice:
Muy bueno el texto. Felicitaciones por la biblioteca.
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La hoguera del miedo



La hoguera del miedo

 
QUEMA DE LIBROS DURANTE LA DICTADURA MILITAR ARGENTINA 1976-1983

Por Marcelo Massarino

El 24 de marzo (2006) se cumplen treinta años del Golpe militar que derrocó al gobierno peronista en 1976. Es un aniversario que sirve para recordar una vez más a los desaparecidos, a los asesinados, a los torturados y exiliados. También para señalar que la dictadura militar tuvo un plan para exterminar a la oposición que no sólo consistió en persecución y muerte, sino en la ejecución de una estrategia para el vaciamiento económico y cultural de la sociedad.

Una de las tantas atrocidades que cometieron los militares y sus cómplices civiles fue la quema de libros que no comenzó en la Argentina del '76 pero que en el marco de esa política represiva fue para el Proceso una práctica "purificadora" del ser nacional.

También hubo otros fuegos que encendieron quienes temían una represalia por tener una biblioteca que los inquisidores podían calificar como "subversiva". Otro recurso fue tirar libros en inodoros y pozos ciegos o el enterramiento como destino de la literatura y la prensa que podía servir como pretexto para un operativo.

Con la democracia los hijos de aquellos jóvenes lectores de los setenta se enteraron que aún estaban escondidas aquellas bolsas con los ejemplares olvidados junto a la higuera del fondo de la casa. Destruidos por la humedad o convertidos en cenizas, los libros vuelven a las bibliotecas como los cuerpos a la playa después de los vuelos de la muerte.

En 2002 la publicación de Un golpe a los libros, de Hernán Invernizzi y Judith Gociol mostró la trama del aparato represivo en la cultura. Para recrear el clima de aquellos años recurrimos a esa investigación y al testimonio de los protagonistas de la época. Invernizzi asegura que la dictadura militar tuvo un plan concreto y aclara que "no significa que se trataba sólo de un plan de destrucción. Era un proyecto de control, censura y producción de cultura tanto en la educación como en la cultura y la comunicación.

Eudeba

La cultura fue un lugar donde la derecha peleó cada lugar de poder. Un ejemplo es el caso de la Editorial Universitaria de Buenos Aires, Eudeba. El 25 de mayo de 1973 fue designado rector de la Universidad de Buenos Aires Rodolfo Puiggrós, quien nombró presidente del Directorio al escritor Arturo Jauretche y director ejecutivo al periodista Rogelio García Lupo. El autor de El medio pelo en la sociedad argentina falleció el 25 de mayo de 1974.

García Lupo renunció cuatro meses después. Reconoce que "sabíamos que íbamos a tener muchos problemas. Pensábamos en discusiones por los proyectos editoriales pero no en agresiones físicas. El proyecto de fondo consistía en la edición de las obras completas de tres intelectuales argentinos: Leopoldo Lugones, que era una figura que les servía a todos: a los anarquistas, a los fascistas y a los nacionalistas; Carlos Astrada, un filósofo marxista y Manuel Ugarte, quien era muy representativo de la intelectualidad procedente del socialismo que había desembocado en el primer gobierno de Perón. Tuvimos amenazas cuando anunciamos el plan editorial y al tiempo decidimos irnos porque la presión era insoportable. Pero ocurrió una cosa insólita. Teníamos la idea de hacer la revisión de la obra de Lugones de manera cronológica. Empezar por el Lugones anarquista y seguir con el socialista.

Un día me llamó el abogado Valentín Thiebaut, director ejecutivo del nuevo Directorio -ya con Alberto Ottalagano como interventor de la UBA-, y me dice: ‘tengo un problema. No puedo cumplir con el contrato de Lugones si empezamos por la etapa izquierdista... ¿No podemos arrancar por la fascista..?'"

En julio de 1974 un grupo comando entró al taller gráfico donde Eudeba imprimía parte de sus libros al grito de "¿Dónde está El marxismo de Lefebvre?" Antes que el imprentero Polosecki pudiera dar una respuesta prendieron fuego un sector pero en el apuro los asaltantes se equivocaron de libro.

En julio de 1976 fue designado director ejecutivo de Eudeba el político socialista Luis Pan, quien le entregó al Comando del Iº Cuerpo de Ejército parte del fondo editorial con los libros censurados. El 27 de febrero el teniente primero Xifra dirigió el operativo que terminó con la quema de casi noventa mil volúmenes en el predio de Palermo. Rogelio García Lupo vio cuando los soldados cargaban los camiones con los ejemplares de su gestión. "Pan fue quien llamó al Ejército y puso en sus manos toda esa ‘literatura pecaminosa'. El temía que alguien dijera ‘¡pero este Pan también es socialista..!' Con esa operación compró protección, fue como una prueba de amor".

El fuego purificador y la autocensura

Cuando la palabra América Latina era subversiva

Vigilantear y buchonear

A principios de 1977, un articulo publicado en la revista Para Ti enseñaba a los padres con hijos en edad escolar como reconocer la infiltración marxista en las escuelas:

"Lo primero que se puede detectar es la utilización de un determinado vocabulario, que aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia para realizar ese transbordo ideológico (sic) que nos preocupa. Aparecerán frecuentemente los vocablos: diálogo, burguesía, proletariado, América Latina, explotación, cambio de estructuras, compromiso, etc.

Otro sistema sutil es hacer que los alumnos comenten en clase recortes políticos, sociales o religiosos, aparecidos en diarios y revistas, y que nada tienen que ver con la escuela.

Asimismo, el trabajo grupal que ha sustituido a la responsabilidad personal puede ser fácilmente utilizado para despersonalizar al chico.

Estas son las tácticas utilizadas por los agentes izquierdistas para abordar la escuela y apuntalar desde la base su semillero de futuros combatientes."


El articulo terminaba con un consejo a los padres: "Deben vigilar, participar y presentar las quejas que estimen convenientes".

Descargar Revista Gente - Carta abierta a los padres argentinos

La práctica piromaníaca del Proceso tiene ejemplos como los siguientes, ambos de 1976. En Córdoba el interventor de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, teniente primero Manuel Carmelo Barceló, sacó de la biblioteca y mandó a incinerar títulos de Margarita Aguirre, Pablo Neruda y Julio Godio, entre otros. En la misma provincia, el jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Jorge Eduardo Gorleri (luego ascendido a general por el gobierno de Raúl Alfonsín), exhibió en conferencia de prensa una hoguera en el patio de la unidad militar, avivada por libros de León Trotsky, Mao Tse-Tung, Ernesto Che Guevara, Fidel Castro, Juan Domingo Perón y fascículos del Centro Editor de América Latina (CEAL) que robó de las bibliotecas y librerías.

En la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, los militares usurparon la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, La Vigil, una institución que tenía una biblioteca de 55.000 volúmenes en circulación y 15.000 en depósitos, a principios de la década del setenta. El 25 de febrero de 1977 fue intervenida mediante el decreto nº 942. Ocho miembros de su Comisión Directiva detenidos ilegalmente, su control de préstamos bibliográficos utilizado para investigar a los socios. Miles de libros de la entidad fueron quemados, por ejemplo seiscientas colecciones de la obra completa del poeta Juan L. Ortíz.

El periodista y escritor Mempo Giardinelli sufrió las consecuencias de la pasión ígnea de los militares: su primer novela fue quemada junto a una de Eduardo Mignogna.

El caso de Enrique Medina es paradigmático: "El golpe de Estado de 1976 confirmó la prohibición de los libros ya censurados del autor y lo extendió a cuanto texto suyo aparecía. Medina es, quizás, uno de los autores más sistemáticamente perseguidos por la censura, durante la dictadura e incluso antes", según Invernizzi y Gociol. Manuel Pampín, de Corregidor, editó parte de la obra del autor de Las Tumbas, como Sólo ángeles cuya sexta edición fue prohibida aunque no la séptima, una copia de la anterior. También le decomisaron Olimpo, de Blas Matamorro, por un decreto del PEN. Ante el reclamo de Pampín, el capitán de navío Carlos Carpintero le respondió: "de los libros, olvidate". Ya en 1978 las autoridades retuvieron en la aduana Evita, una biografía de Marysa Navarro que más tarde pudo ingresar al país por la intervención de Dardo Cúneo, por entonces presidente de la Sociedad Argentina de Escritores.

Hubo editores que decidieron destruir los materiales que eran prohibidos.

Es el caso de Granica: "varios de los libros de sello fueron prohibidos. Entre ellos La pasión según Trelew, de Tomás Eloy Martínez que fue uno de los primeros títulos de los que la propia editorial decidió deshacerse. Esa es la cara más perversa del terror: ya no los libros que el régimen quemaba sino los que se eliminaban por propia decisión", describen los autores de Un Golpe a los libros. De la imprenta a la fábrica de papel sin pasar por librerías fueron por lo menos diez títulos, no menos de 20.000 volúmenes, entre ellos Correspondencia Perón-Cooke.

La quema de libros más grande que concretó la dictadura fue con materiales del Centro Editor de América Latina, el sello que fundó Boris Spivacow quien además tuvo un juicio "por publicación y venta de material subversivo". El fue sobreseído pero el millón y medio de libros y fascículos ardieron en un baldío de Sarandí.

Testigos de la quema fueron la profesora Amanda Toubes, directora de la colección La enciclopedia del mundo joven y Ricardo Figueira, director de colecciones del CEAL y autor de las fotografías de aquel 26 de junio de 1978. En 2005 ambos recordaron el clima de aquellos años para un artículo que Aníbal Ford escribió en la revista Lezama: Toubes decía que "'en ese momento nuestra mente estaba todavía en el asesinato de Daniel Luaces, en su escritorio vacío. Tantos otros llantos, tantas cosas de las que nos íbamos enterando día a día... que tal vez lo vivimos sólo con una gran tristeza pero también como parte de nuestra cotidianeidad'.

Un elefante ocupa mucho espacio

"Las prohibiciones se instalaron en todo el ámbito educativo y cultural. Las famosas "listas" con los nombres de escritores, compositores y artistas "no autorizados" circulaban por radio, TV, diarios, librerías y escuelas. Se los hacía "invisibles", "no audibles", "no estaban". En un libro de reciente aparición se relata la quema de la colección del Centro Editor de América Latina, (CEAL), una de las mayores del país. Otro ejemplo es sobre la prohibición de literatura infantil. En 1976 se edita el libro para niños, Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bornemann que gana premios internacionales. Un año después era prohibido en la Argentina por relatar una huelga de animales."

[ Fortunato Mallimaci - La dictadura argentina: Terrorismo de Estado e imaginario de la muerte ]

Algo de esto retoma Ricardo Figueira, que casi minimiza el hecho. ‘Lo que era vivir cotidianamente, día a día, con el culo a cuatro manos y dando varias vueltas a la casa antes de entrar'". Para Ford "esa hoguera de libros argentinos provocó un vacío, un hueco, en la transmisión y en la construcción cultural que todavía no ha sido reparado".

Otro de los editores perseguidos fue Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor, quien junto a su mujer Kuki Miler fue detenido a disposición del Poder Ejecutivo durante 127 días y luego partió al exilio. Primero fue la censura del libro infantil Cinco dedos. Ya en la cárcel de Caseros, se enteró de la prohibición de Ganarse la muerte, de Griselda Gambaro. Divinsky rememora que trabajar en esa época "era como caminar por la cuerda floja. La prohibición a de la Flor pretendió ser, de alguna manera, una medida ejemplificadora porque se trataba de una editorial independiente. Cuando pasó todo y volvimos del exilio cada día que llegaba a la oficina daba una vuelta a la manzana para ver si había algún patrullero."

Desde finales de los sesenta Siglo XXI fue una de las editoriales más influyentes en el pensamiento latinoamericano. Con casas en España y México, la sede de Buenos Aires tenía una enorme influencia. Editaba Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano y todos los libros del pedagogo Paulo Freire, entre otros.

El 2 de abril de 1976 un grupo de tareas allanó las oficinas de Perú 952 y secuestró al jefe de correctores Jorge Tula y al gerente de ventas Alberto Díaz. La empresa fue clausurada y luego abrió hasta que la casa matriz decidió levantar la sede porteña. Pasaron treinta años y hoy Alberto Díaz es director editorial del Grupo Planeta.

"Era muy jodido y triste trabajar en ese ambiente en el que desaparecían correctores, traductores y amigos. Otros se exiliaban o se iban al interior, o eran detenidos. Pero seguíamos trabajando. ¿Por qué? Es algo inexplicable porque el golpe se veía venir pero estabas como anestesiado. Yo estuve desaparecido un mes y pico. Cuando me largan ya me habían cesanteado de la Universidad y volví a Siglo XXI. Me tenía que ganar la vida y no se me ocurría irme. Después de un segundo aviso partí rumbo a Colombia el 24 de agosto del 76.

-¿Qué le produce este recuerdo?
-Es como si estuviera contando un libro de historia. Ya no recuerdo cómo era mi rostro, pero sí de la cara del poeta Miguel Angel Bustos. Lo tengo congelado con un rostro joven. Ya no me acompañan las imágenes de la detención porque sabes que muchos de los detenidos nunca volvieron, entonces tenés una especie de culpa del sobreviviente.

Ceremonias privadas

También hubo otras quemas de libros que hicieron las víctimas de la represión. No era necesario ser militante ni pertenecer a una organización política. El hecho de tener libros considerados "subversivos" o "inmorales" era peligroso. "La destrucción, el ocultamiento y el enterramiento de libros desde 1974 hizo que las bibliotecas se vayan despoblando. Otro fenómeno que desapareció fue la lectura en los medios públicos de transporte porque el libro te hacía caer bajo sospecha" reflexiona Díaz, quien incineró algunos libros del Che como Guerra de Guerrillas, periódicos del PRT La Verdad y revistas como Crisis y Militancia.

La escritora Ana María Shua regresa a los días de marzo del 76: "Mi marido y yo no militábamos, pero éramos de izquierda y muchos de nuestros amigos y conocidos desaparecían o se escapaban del país o pasaban a la clandestinidad. Sabíamos que había libros ‘peligrosos': todo lo que tuviera marxismo o la idea de la revolución social. ¿Por dónde empezar? Empezamos por uno de Vo Nguyen Giap, sobre la Guerra de Vietnam. El intento, en la pileta de la cocina, fue un triste fracaso. No es tan fácil quemar un libro en un departamento de tres ambientes. Decidimos que si entraba un grupo de tareas, daba lo mismo que hubiera este libro o aquel: lo peligroso, lo que nos denunciaba como enemigos era tener una biblioteca. Y abandonamos la idea de quemar libros.

Fuente: Revista Sudestada Nº 46, 18/03/06


Los libros que la dictadura militar no pudo destruir

El Museo de la Memoria exhibe documentos, libros y testimonios sobre el plan de represión cultural puesto en marcha en 1976

Osvaldo Aguirre / La Capital (Rosario)

Los libros se encuentran en una vitrina. Son de temas y autores diferentes, casi sin relación entre sí. En una librería estarían separados. Pero aquí, en el Museo de la Memoria, donde son expuestos desde el viernes, deben estar juntos. Porque tienen algo en común: estuvieron prohibidos por la dictadura militar instaurada en 1976. Y algo más: quisieron destruirlos, hacerlos desaparecer.

Sin embargo esos libros condenados, que integran con documentos y revistas la muestra "Tinta roja", sobrevivieron. La empresa de los represores era, en parte, imposible. No se podía borrar a esos libros de la memoria de los lectores. Lo demostró lo que ocurrió con "El fusilamiento de Penina", el título de Aldo Oliva que editó la editorial de la Biblioteca Constancio C. Vigil y cuya edición íntegra fue quemada por los militares. Como en Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury, ese libro se preservó en los relatos de algunas personas, que lo retransmitieron a través del tiempo e hicieron posible, sin duda, el reciente hallazgo de un ejemplar.

La lista parece disparatada. Están "Operación Masacre", de Rodolfo Walsh, y "Rojo y negro", de Stendhal. "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano y "Dailán Kifki", de María Elena Walsh. Pero hay un sentido. "Hubo un plan de represión cultural: la desaparición de personas tenía que corresponderse con la desaparición de símbolos culturales", dice la periodista Judith Gociol, coautora con Hernán Invernizzi de "Un golpe a los libros", una historia de la represión a la cultura durante la última dictadura.

Circuitos de prohibición

La musica prohibida

Por Juan Alberto Guttlein, Casilda - Santa Fe

Los militares argentinos, hablo de los que usted ya sabe, menos capacidad, inteligencia y educación, tuvieron lo mejor que desearía Hitler para sus mandos.
Desde el golpe contra Perón, todo fue controlado, gastado y robado por una elite, que llegó incluso a pelearse a punto de armar una guerra interna, por el poder: PODER ROBAR.
Sin capacidad, ineptos y sin un atisbo de sentido común, su ignorancia los hizo creer que eran los todopoderosos capaces de signar destinos, organizar económicamente y hasta pensaron en ganar una guerra.
Borrachos, locos, degenerados, asesinos y apátridas sobraron en las filas de las tres armas del Ejercito Argentino.
Pero lo tragicómico de todo esto, es que ciudadanos comunes, de igual talla y calidad de persona, se sumaron a las atrocidades cometidas por los gobiernos golpistas y asesinos. Porque quede claro, no solo masacraron en el setenta, lo hicieron en todas las épocas, incluso en plena democracia.
¿Adonde está, quién lo desapareció a Julio López?
En el plano social, fueron peores o más.
La cultura manejada por ellos, fue uno de los crímenes de Lesa Grosería, que hoy no puedo digerir todavía.
Las radios, por ende nosotros los laburantes, recibíamos a diario, parte del Comité Federal de Radiodifusión, listas de temas, personas y medios escritos prohibidos.
Pero para darles una muestra de la ignorancia y maldad de estas fieras, les voy a mencionar algunos de los temas; y los por qué estaban prohibidos.
Ochi chiornie (La cumparsita)- cantada mitad en ruso, mitad en español- Lolita Torres.
Porque utilizaba un idioma extranjero, de un país enemigo y fuente del comunismo.
Ni hablar de Antonio Tormo, pero voy a poner por qué prohibían por ejemplo, Mis harapos...
Recuerdo casi perfectamente el recurso enviado, porque cuando lean, se darán cuenta por qué, decía:
Prohíbese la difusión de la canción Mis harapos, por los interpretes argentinos (mencionaban una chorrera de interpretes). Es motivo de la siguiente: la pésima redacción y la blasfema utilizada al mencionar que los renacuajos ríen al tocar las alas de un cóndor que cayó. Este comité, a sabiendas de que el cóndor es el ave nacional, no permitirá juicio alguno sobre su calidad de tal.
Los animales, más que el mismo cóndor, no sabían que el cóndor no es el ave nacional.
¿Cómo hacían para llegar a todas las radios, incluso propaladoras, circuitos cerrados, etc?
Era muy simple, habían montado un sistema de comunicación con las comisarías del lugar. Los mismos milicos del pueblo, encargados de controlar también, eran los primeros en pedirte los temas prohibidos.
¿Prohibidos? Guarany, Antonio Tormo, Nelly Omar, Di Fulvio (los dos), Pugliese, Falú, Hugo Díaz, Waldo de Los Ríos, Marta de Los Ríos, Larralde, Piero, Yupanqui, Del Carril, Cafrune, Maure, Rock Nacional todo, Conjuntos vocales todos, Discepolo, Jorge Vidal, Tania, Miguel Saravia, Mercedes Sosa, Isella, Tejada Gómez, Jaime Dávalos, Roberto Pansera, Argentino Luna, Los de Siempre, Los Andariegos, Los Farias Gómez, Los trovadores, Billy Bond, Chacho Santa Cruz, Cuchi Leguizamón, etc. Más lo que sufrían parcialmente en algunas de sus canciones como Eladia Blázquez, María Helena Walsh, Catulo Castillo, etc.
Cuidado, solo hablamos aquí de los criollitos, de los forasteros, ni hablar. Allí de The Beatles a Los Rolling y de Serrat a Viglietti, no se salvaba nadie.
De los chilenos, ni pensarlo. Uruguayos, cocinados.
Lo más revolucionario que se emitía en las radios era el folklore descriptivo de paisajes, algo de baladas españolas, algunos tangos y paremos de contar.
Para ejemplificar la locura: Hasta Mario Millán Medina sufrió censura de sus temas humorísticos.
También cobraron los artistas de cine, TV, revistas, diarios y cuanto medio o forma de esclarecer apareciera.
Si no callabas o aceptabas lo que ellos decían, te mataban o hacían que te echaran del trabajo y jamás volvías a un micrófono.
Los que se animaron a prenderse en una lucha sin cuartel, terminaron en un basural, desaparecidos o escapados de noche al exilio si tenía algo de suerte.
Fue tan grosero, tan cruel, tan sangriento... Que no es justo que todavía medios de Bs. As, tengan algunos de estos tipos trabajando.
Fue tan brutal la represión, que los mismos dueños de los medios, hacían la programación y te prohibían hablar de ciertos temas, emitir ciertas canciones y era a cara de perro y no había Tu Tía.
En homenaje a todos aquellos, a los que sí, creyeron que era posible soñar con un mundo mejor, y en medio de la casi misma oscuridad cultural de los medios -ahora con la complacencia de los mismos- dejo algo de lo mucho que fue castrado y me tomo el placer de escuchar lo que no nos dejaban.
Ojalá ustedes tengan la misma sensación cuando las escuchen.

TEMAS DE LA COMPILACION

Lolita Torres - La cumparsita-ochi chornie
Las Voces Blancas - Triunfo De Las Salinas Grandes
José Larralde .Puntillas de auroras tristes
Jorge Cafrune - Changuito Lustrador
Horacio Guarany - El carcelero
Eduardo Falú - Canto al sueño americano
Cesar Isella - El condor vuelve
Los Andariegos - Grito campesino
Las Voces Blancas- Minero De Río Turbio
José Sarralde - Tabacalera
Jorge Cafrune - Peoncito Del Mandiocal
Horacio Guarany - Luche y luche
Eduardo Falú - Mama Angustia
Cesar Isella - Y caen

Descargar Me
Fuente: http://www.lanovaboticadelaleman.blogspot.com

"La idea general que uno tenía de la represión en la cultura era que se trataba de unos militares brutos, que veían un título como «La cuba eloctrolítica» -ese título famoso- y lo prohibían o entraban en una casa, veían un libro de tapas rojas y se llevaban detenida a la gente -dice Gociol-. No es que eso no ocurrió, no es que no hubo abuso y estupidez; pero había un proyecto y un plan que no era para nada de estúpidos sino de tipos que habían detectado cuáles eran la importancia de un libro o de un autor y a eso apuntaban".

La existencia de ese plan pudo comprobarse a partir del hallazgo de documentación que había permanecido oculta en la sede del Banco Nacional de Desarrollo (Banade), en Buenos Aires. "Quedó probado el circuito de prohibición y de persecución que se montó hacia libros y autores y funcionó con una conexión fuerte entre el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación. Había una oficina que se encargaba de recibir libros, un equipo de gente bastante preparada que los analizaba, un departamento que evaluaba su prohibición".

El mecanismo de prohibición de un libro era complejo. Lo que llama la atención en esa maquinaria es el papel que jugaron personas comunes y que no vacilaron en delatar y en ser cómplices de la censura y el terror. "Hubo inspectores que recorrieron librerías pero también gente que voluntariamente denunciaba títulos de libros, o voluntarios que recorrían las editoriales", dice Gociol.

"Proteo", una novela de Morris West, conocido autor de best sellers, fue víctima de la censura. "Había entrado en contacto con las Madres de Plaza de Mayo y escribió una novela sobre la desaparición de una pareja, es decir, ficcionalizó una historia que era cierto. Ese libro fue prohibido porque un funcionario de la Junta Nacional de Granos, de apellido Lacroze Ayerza, viajó al exterior y vio al libro en inglés. Lo trajo y se lo dio a (Albano) Harguindeguy diciendo que eso era parte de la campaña antiargentina".

La represión cultural se manifestó también en la desaparición de escritores, en un plan específico instrumentado en el ámbito educativo (conocido como Operación Claridad) y en los ataques contra editoriales. En este sentido, los casos más alevosos tuvieron como víctimas a la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) y al Centro Editor de América Latina (Cedal). Pero con diferencias significativas.

"En Eudeba hicieron allanamientos en los depósitos, se llevaron los libros y los quemaron. Pero esos libros fueron entregados por los directivos, que en ese momento eran civiles y fueron más papistas que el Papa. En Eudeba hubo delación de personas, que ahora están desaparecidas. Hubo una empleada que era montonera y la editorial entregó la foto para que pudieran identificarla", dice Gociol.

El Centro Editor de América Latina tenía entonces a empleados que habían sido víctimas de la Triple A. "Al hacer el allanamiento se llevaron detenida a la gente que trabajaba en los depósitos -sigue Gociol-. Entonces el editor, Boris Spivacow, cuando todo el mundo le decía que no hiciera nada porque iba a ser un desaparecido, se presentó en defensa de los empleados, que quedaron liberados".

De manera un tanto insólita se inició entonces un juicio. "Hubo participación de jueces en causas por prohibiciones de libros. Si uno se olvida de cuál es la raíz, es decir la censura de un libro, encuentra un trámite judicial común: la prohibición estaba naturalizada".

Spivacow argumentó que los libros eran material de rezago. "El juez le dijo que los quemara. El editor se negó y el juez ordenó su destrucción, que quedó documentada en fotos".

Así se manifestaba la Dirección de Publicaciones de la dictadura para censurar una obra: "«Ganarse la muerte» de la escritora Griselda Gambaro es una obra asocial dado que trata de mostrar a través de sus personajes, como un lugar donde impera el hiper-egoísmo e individualismo, donde no se cuentan ninguno de los valores superiores del ser humano y sí las elucubraciones y actos para lograr la satisfacción de sus bajos instintos".

Esos fueron los argumentos con que la dictadura preparó sus hogueras. "El Comandante del III Cuerpo de Ejército -se lee en un comunicado del general Luciano Menéndez- informa que en el día de la fecha procede a incinerar esta documentación perniciosa que afecta al intelecto y a nuestra manera de ser cristiana. A fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas, se toma esta resolución para que se evite continuar engañando a nuestra juventud sobre el verdadero bien que representan nuestros símbolos nacionales, nuestro más tradicional acervo espiritual sintetizado en Dios, Patria, Hogar".

Para salvar a los libros hubo quienes los enterraron, o los llevaron al campo, o los dejaron en algún sótano, o les cambiaron las tapas.

"En aquella época tener un libro podía ser motivo para ir preso", dice el historiador Alberto Pla, cuyos textos fueron prohibidos durante la dictadura militar y que se exilió a fines de 1975, "después que allanaron mi casa y me quedé sin archivo". Al partir, "dejé un departamento cerrado en Buenos Aires, y gente amiga me salvó la mitad de la biblioteca".

"Nosotros no recibimos listas de autores prohibidos -recuerda Silvina Ross, de la Librería Ross-. En las escuelas, según me informaron docentes en esa época, tenían órdenes de no trabajar con determinados títulos o autores".

No obstante, "en la librería se tenía cierta precaución: una sabía que los libros de izquierda iban al depósito o estaban en estantería, pero no exhibidos, y se mostraban si alguien los pedía".

La Librería Ross tenía ya experiencia en la batalla contra la censura. "En los años 60 la Liga de la Decencia hizo una denuncia porque en la vidriera se exhibían libros del marqués de Sade. Mi padre fue preso por esa causa", dice Ross. Y después de 1976 hubo otros momentos críticos. "Nos llamaron para presentar un libro. Era uno de (el general Ramón) Camps. Con mi ex marido contestamos que en la librería no se hacían actos políticos y que ese tipo de libros no se presentaban".

La Biblioteca Constancio C. Vigil fue un blanco principal de la destrucción cultural en Rosario. Tanto que uno de los peores represores -Ramón Alcides Ibarra- aparecía como "asesor pedagógico". Intervenida el 25 de febrero de 1977, los ocho miembros de su comisión directiva fueron detenidos. Dos de sus docentes, algunos asociados y el presidente de la asociación de padres de la escuela primaria figuran como desaparecidos. Los militares saquearon su biblioteca y fondo editorial, uno de los más importantes del interior del país: veinte toneladas de libros (cuatro más que en la famosa quema realizada por Hitler en 1933) terminaran quemadas o destruidas. De sus dependencias fueron robados y nunca recuperados proyectores, máquinas de escribir y hasta la lente del telescopio de la Escuela de Astronomía.

"Desapareció todo, los depósitos que teníamos en otros pisos, material de la editorial, de la biblioteca. Lo que no se robó, se quemó, se regaló. Además hubo, por supuesto, una quema, producto de censuras entre comillas, porque ni eso sabían hacer, quemaron hasta lo impensable", dice Raúl Frutos, ex bibliotecario de la Vigil, en uno de los textos recopilados en la muestra "Tinta roja".

Los represores fueron minuciosos. "Destruyeron todo lo que era el entramado educacional. La entidad tenía desde una guardería hasta una universidad popular. Había un departamento de educación que era dirigido por un prestigioso educador llamado Mario López Dabat, se trataba de dar una coherencia y un enfoque sistematizado general común a toda la escuela y actividades educacionales de la biblioteca. Nada quedó en pie".

La estrategia hacia la cultura, dicen Gociol e Invernizzi en "Un golpe a los libros", fue funcional para el cumplimiento del terrorismo de Estado en Argentina. "Pero ese plan no terminó de implementarse, aunque la idea era hacer desaparecer cuerpos y almas", dice Gociol. Y ahora esos libros tienen otra historia para contar.


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
14/02/11 | 12:55: MONINA dice:
Hola, te felicito por todo lo que expusiste, todo me gustó mucho, me encantaría contar con vos en mi grupo de amigos, es por eso que te invito, puedes promocionarte exponiendo tus poesías o escritos o tus sentimientos o tus sueños, te elegí además porque sos de Argentina, me encanta valorar a los poetas argentinos, además me gustó mucho tu referencia! Yo no escribo pero me gusta leer poesías, reflexiones, frases, cuentos, relatos, textos breves, de todo un poco, por eso si querés formar parte de mi grupo de amigos: “PUNTO DE ENCUENTRO AMIGOS DE BS.AS”, si gustás conocernos, también podés decirle a alguien de tus conocidos o amigos, si quieren ser nuestros amigos y al igual que a vos si quieren mandarnos algo sobre:"El Verano", "Las vacaciones", "La playa", "El mar", "La Amistad", "Los Amigos", "El amor", "Estar enamorada" o que tengan que ver con estos temas y quieran además tener nuevos amigos, tener una linda amistad duradera, fiel e incondicional, si apostás a la Amistad y aceptás comprometerte con ella, te invito a que transites nuestro camino de la Amistad con nosotros a cambio te ofrecemos toda nuestra amistad, estar en las buenas como en las malas, ser una buena compañía a través de mensajes, Chat o en encuentros de grupo en salidas varias, nuestro lema es: “Unirnos por la Amistad” Creemos que es un pequeño y humilde aporte para “La Paz en el Mundo”, dale aceptás? Te estaremos esperando con toda la buena onda y amistad por siempre y yo con los brazos abiertos virtualmente y quizás algún día en persona para darte la bienvenida! Soy de Temperley, Buenos Aires, psicopedagoga Coord.Gral.: MONINA Para Suscribirse: puntodeencuentroamigosdebsas-subscribe@gruposyahoo.com.ar
puntodeencuentroamigosdebsas@yahoo.com.ar
 
11/02/11 | 03:35: Albin (blog deambulador nocturno) dice:
que en anteriores períodos se hallan quemado libros no tiene nada que ver, estamos hablando de bestias que ejecutaron un plan para destruir nuestra cultura, y a sus productores. Que nos prohibieron hasta la alegría de ser jóvenes. Al final uno piensa si no hubiera sido mejor que ganaran los insurgentes. Excelente artículo, los felicito por tan buena información.
diegarlane@yahoo.com.ar
 
11/02/11 | 00:13: Norma di Maio dice:
Estoy de acuerdo que en la dictadura militar se cometieron atrocidades,como las que en su comentario bien detalla, si Ud. no lo sabe, el primero que destruyó libros fué el Gral.Perón,El,mandó quemar "LA CASA DEL PUEBLO"del PARTIDO SOCIALISTA que editaba el diario "LA VANGUARDIA" y su maravillosa biblioteca con cientos de ejemplares,estaba situada en la calle Rivadavia,nos produjo mucho dolor e impotencia,En esa época el lema era"ZAPATILLAS SI LIBROS NO" Con todo respeto le sugiero que al contar nuestra historia, tenga la honestidad y la idoneidad de decir toda la verdad.¿No le parece?
normadi063@ gmail.com
 
09/02/11 | 16:51: Malena(mails que jamás aserán leídos) dice:
Excelente texto que desentraña acciones que muchos jóvenes desconocen de esa época no tan lejana.Aquellos que la vivimos tenemos el compromiso de divulgar estos hechos para que la MEMORIA sea el antídoto a para algunos que aún insisten en falsear la historia . Dolorossamente en tantos hogares compartimos hogueras que nos hermanan.Aunque nuestras bibliotecas personales de a poco se fueron poblando de aquellos que el fuego devoró, quedan estantes internos vacíos :son esos rostros que pueblan ese limbo obligado de los desaparecidos. Los abraza en el corazón MALE.-
malena271@hotmail.com
 
09/02/11 | 03:18: MONINA dice:
Hola, te felicito por todo lo que expusiste, todo me gustó mucho, me encantaría contar con vos en mi grupo de amigos, es por eso que te invito, puedes promocionarte exponiendo tus poesías o escritos o tus sentimientos o tus sueños, te elegí además porque sos de Argentina, me encanta valorar a los poetas argentinos, además me gustó mucho tu referencia! Yo no escribo pero me gusta leer poesías, reflexiones, frases, cuentos, relatos, textos breves, de todo un poco, por eso si querés formar parte de mi grupo de amigos: “PUNTO DE ENCUENTRO AMIGOS DE BS.AS”, si gustás conocernos, también podés decirle a alguien de tus conocidos o amigos, si quieren ser nuestros amigos y al igual que a vos si quieren mandarnos algo sobre:"El Verano", "Las vacaciones", "La playa", "El mar", "La Amistad", "Los Amigos", "El amor", "Estar enamorada" o que tengan que ver con estos temas y quieran además tener nuevos amigos, tener una linda amistad duradera, fiel e incondicional, si apostás a la Amistad y aceptás comprometerte con ella, te invito a que transites nuestro camino de la Amistad con nosotros a cambio te ofrecemos toda nuestra amistad, estar en las buenas como en las malas, ser una buena compañía a través de mensajes, Chat o en encuentros de grupo en salidas varias, nuestro lema es: “Unirnos por la Amistad” Creemos que es un pequeño y humilde aporte para “La Paz en el Mundo”, dale aceptás? Te estaremos esperando con toda la buena onda y amistad por siempre y yo con los brazos abiertos virtualmente y quizás algún día en persona para darte la bienvenida! Soy de Temperley, Buenos Aires, psicopedagoga Coord.Gral.: MONINA Para Suscribirse: puntodeencuentroamigosdebsas-subscribe@gruposyahoo.com.ar
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